viernes, 4 de junio de 2010

Azul I

Familiares y amigos me han pedido Violeta III, quizás porque estén esperando la escena de un beso, ese que por ser prohibido se hace tan importante… Sin embargo tendrán que seguir dándole alas a su imaginación porque hoy cambiaré de color. Violeta o León, como más les guste, algún día tendrá que despedirse, tal vez de Cameron, tal vez de mí... Por eso, para ir entrando en clima, no puedo dejar de contarte sobre la mejor despedida de mi vida, la despedida del tipito Azul.

Destiñe, pero... deja de ser príncipe?

Sin dudas fue la despedida más emocionante de mi vida. Aún lo recuerdo, allí, en la estación, con su saco de corderoy marrón y sus ojitos coloraditos por haber llorado todo un río, quizás pensando y repensando si estaba haciendo lo correcto en dejarme ir. Yo lo observaba desde la ventanilla del colectivo, con los ojos en peores condiciones, guardando esa imagen en mi memoria y en mi corazón como quien guarda una fotografía de una persona amada que ya no está. Lo más parecido a un príncipe azul se quedaba allí, con mi corazón en sus manos.

Pensé durante demasiado tiempo lo mucho que iba a costarme empezar de nuevo, vivir sin la ilusión de volverlo a escuchar, de volverle a escribir, de volverlo a mirar, de volverlo a pensar… Pensé en la última carta que iba a escribirle, en los últimos párrafos que iba a inspirarme, en el último “te quiero” que iba a robarme… Pensé en la alegría de los momentos compartidos, en la felicidad de los sueños cumplidos, en la química que hizo que vivamos lo que vivimos… Pensé en una fecha lejana, en esa noche soñada, en dos personas bajo la lluvia, en esta historia que comenzaba…

Pensaba, y mientras más lo hacía mi corazón reclamaba al hombre que conocí y a la mujer que fui a su lado.

Pensé en las palabras escritas, en las emociones a flor de piel, en los te extraño en un papel, en el amor del ayer que sabía que no iba a volver.

Pensé en habitar en su recuerdo como algo que no pudo ser, en llenar un espacio vacío, en refugiarme en su olvido, en ser algo sin ser.

Pensé en un pasado compartido, un presente sin sentido y un futuro sin fe.

Pensé con tristeza en lo que se había ido y con alegría en lo que fue. Porque aunque no estaba conmigo más que pensar sentí que mi corazón era suyo aunque no fuera a volver.

Pensé y sentí que la vida era linda, pero era más linda a su lado, pensé y sentí el dolor y no pude evitarlo.

Pensé y sentí que mi corazón lo extrañaba, que mi cuerpo lo necesitaba, que mi alma lo reclamaba, que mi vida sin él no era nada.

Pensé y sentí pero sobre todo creí, lo creí un ser especial, que merecía ser feliz y amar, que podía volar y el cielo alcanzar.

Pensé, sentí y creí que era el hombre ideal, que la magia instalada en él lo haría triunfar, que nadie lo podría derrumbar, Dios dirá…

Pensé, sentí, creí y con mucha intensidad quise, quise ser su luz, quise ser su apoyo, quise ser su paz, quise ser alguien con quien pueda contar.

Pensé, pensé en sus besos, sus caricias y su amor. Sentí, sentí el sabor de su piel envuelto en un remolino de recuerdos. Creí, creí que volveríamos a encontrarnos en un futuro alejado. Quise, quise permanecer en su recuerdo, habitar en su memoria, morar en su corazón.

Pero hoy no está aquí, porque hoy no piensa en mí, porque hoy, hoy quizás yo también me fui.

Como me dijo él una vez: “Es preferible morir de amor que no se muere que vivir de amor que no se vive.”

Son muy tristes las despedidas, pero aquella la recuerdo como “la mejor”. Él llegó a mi vida sin avisar, sin pedir permiso, en un momento en el que me estaba disponiendo a resignar mi felicidad.

Él es mi tipito azul, lo más parecido al príncipe azul, aunque muchos digan que destiñe en la primera lavada.

1 comentario:

  1. se me achucharrò el corazon al leer esto!
    si este va a ser el 1er capitulo del tipito Azul, no quiero ni pensar en cuanto voy a llorar en los proximos Azules!

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