lunes, 26 de julio de 2010

Violeta III

Ismael Serrano es mi cantautor preferido, el que me llega al alma con su voz y el que me sorprende con cada una de sus historias hechas canciones. En su álbum “un lugar soñado” narra la historia de una despedida entre Penélope y un tal Ulises. A diferencia de la clásica Penélope sobre la que habla Serrat, la que espera en el andén revoleando el abanico, esta Penélope esperó, esperó, reflexionó, hizo repaso de todo lo vivido, hasta que se dijo a sí misma: “hasta aquí hemos llegado, no espero más!!! Yo me voy!”

Cada historia que vivo con cada Ulises que se despide de mí, me siento un poco esa Penélope, queriendo esperar su regreso. Pero lo importante aquí es que gracias a descubrirme en Peumayén, puedo decir que no espero más y es eso lo que me hace vivir una nueva historia, lo que me abre camino para un nuevo encuentro, para un nuevo color…

¿Se irá definitivamente Violeta de la vida de Penélope?


Penélope de Peumayén

Qué se puede contar de mi fin de semana con León? el Sr. Serrano se encargó de cantarnos al oído todo aquello que sentíamos y deseábamos hacer pero quizás por cautos o cobardes no hicimos. Llegamos a pensar que nos había engualichado, porque después de nuestra despedida, cada vez que nos pensábamos, hablábamos o escribíamos, Ismael aparecía como por obra de magia en la tele, en la radio o reproduciéndose en la lista aleatoria de mi reproductor para ser nuestra cortina musical. Solo Ismael se animaba a decirnos aquello que queríamos. Predecía nuestro futuro de forma admirable y cuestionaba nuestras acciones permanentemente. Nos llevaba a un mundo paralelo en el que el amor todo lo puede, todo lo soporta.

León estaba allí, sentado junto a mí, sin poder sacar su mirada de mis ojos. Yo lo contemplé tranquila, descubriendo en el brillo de los suyos la magia de un reencuentro que prometía ser eterno.


Revivo ese instante casi a diario, no puedo creer que tenga que resignar lo que nos unió en ese momento, pero todo parece indicar que así será.


Quiero llamar a mi tipito violeta ahora (pero borré su número: muy mal vicio mío), quiero tenerlo acá de nuevo, como la primera vez, cuando me miraba con ojos de gatito de Shrek y me decía que me perdonaba por haberlo estrujado por dentro.


Quiero llenarme nuevamente con su mirada, quiero sentir que le estoy leyendo el alma, que lo estoy dejando ser, que lo estoy rescatando del estado estacionario en el que se mantiene y que lo llena de monotonía y de aburrimiento. Quiero ser la que lo perdone por el beso que me dio y a la que perdonaría porque hubiese hecho que ocurriera de todos modos.

Quiero que no necesite de ir a ningún lugar donde yo iría ni escuchar ninguna canción que yo escucharía para que se sienta cerca mío. Lo necesito para poder ser.


Sin embargo, quizás haya llegado la hora de que Penélope no espere más a su Ulises. Quizás Penélope tenga que dejar de idealizarlo y verlo tal cual es: solo un hombre que prometiendo amor se fue para no regresar.


Si esto realmente es así y Ulises, León o Violeta no lo desmienten… entonces ya no lo esperaré más. Tendré que bajarlo del pedestal de rey de la selva y verlo como un león de zoológico, privado de la libertad que necesita para venir por mí. Y tal cual dice Ismael, algunas tardes de invierno cuando duelen esas viejas heridas que no parecen cicatrizar nunca… Penélope trata de llegar a alguna conclusión y luego se dice: “pobre tipo, no sabe de lo que se perdió.”