martes, 30 de noviembre de 2010

Mi color

Mucho he hablado de los demás, de sus colores, pero poco he hablado de mí y hoy lo encuentro necesario, verdaderamente necesario. Hace poco Violeta me corrigió en algo, yo pensé que siempre le había dado lo mejor de mí, pero él acertó en decirme que uno no da ni lo mejor ni lo peor, uno da lo que es. Entonces me pregunto, ¿Quién, qué soy yo?

Nuevamente en el papel de Julia: Rezar Comer Amar

Hoy publiqué en mi nick del MSN “Feliz, feliz, feliz, felizzzzzzzz” y gracias a Dios muchas personas tuvieron interés en conocer el motivo de mi felicidad y fueron felices conmigo.

Todo comenzó cuando unos días atrás miré la película que protagoniza Julia Roberts, “Rezar comer amar”. Otra vez me sentí identificada con ella, otra vez me adueñé de su papel, otra vez me dispuse a seguir sus pasos. La película cuenta la historia personal de una mujer que toma un año de su vida para viajar y encontrarse con sí misma, algo que yo también estoy necesitando, más lo segundo que lo primero, aunque lo primero suene más tentador.

Primera consigna: Rezar.

Era sábado a la noche, llovía y me había pasado todo el día durmiendo. No había nadie con quien salir, no había nada por hacer salvo estar frente a la PC, como la mayoría de mis noches de soledad. Cerca de las diez alguien me dice “linda noche para dormir abrazados”, asentí, pero por dentro sabía que yo no me conformo con abrazar a cualquiera… Acto seguido, otro alguien me dice que tiene dos entradas gratis para el boliche y por si acaso las fui a buscar. Después una amiga de una amiga, a la que después de esa noche ya puedo considerar mi amiga, lee mi mail a tiempo y asiente a salir conmigo.

Salí sabiendo a quien quería abrazar y salí sabiendo que deseaba abrazarlo y lo mejor es que pese a que esa persona nunca se había acercado a mí, y ni siquiera conocía su voz, esa noche, esa persona, me abrazó y pensé que eso era la felicidad. Pero hoy, hoy supe que necesitaba algo mucho más profundo que un abrazo de un desconocido, hoy me volví acercar a Dios, hoy rece. Y me sentí feliz y me siento feliz.

Son momentos que llegan, se viven, se sienten y cuesta describir o explicar, simplemente suceden… transforman… purifican… te devuelven la fe. Después de dos años de sentirme muerta en un mundo que disfruta de las pasiones efímeras me descubrí volviendo a los brazos de mi Papá Dios y sería desleal con él y conmigo si no lo compartiera.

Espero poder seguir rezando, porque de esa manera me siento útil y cerca de la gente que quiero. De esa manera puedo ser mejor persona y por ende, dar lo mejor.

Segunda consigna: Comer.

(continuará)

lunes, 8 de noviembre de 2010

Verde II

“esta historia, aunque la hayan leído y comentado muchos, no se puede comparar con lo que se vivió en esos hermosos días!”. Esas fueron las palabras que salieron del tipito verde, después de leer este blog, y yo creo que tiene razón. Las palabras a veces no pueden contarlo todo. De igual manera seguiré adelante haciendo el intento…

Confianza

La segunda noche en presencia del tipito verde tuvo un comienzo también complicado. Mis amigas estaban bastante baqueteadas y quisieron volver a dormir temprano. El tipito verde aguardaba en otro bar con sus hermanas. Tenía que decidir si tomar coraje e ir en su búsqueda o dar por finalizada la noche. Fiel a mi intuición, hice lo primero. Me acerqué a su mesa, salude a todos los que ahí estaban y después supe que esa actitud de valor me hizo sumar puntos con su familia. En cuestión de minutos nos dejaron solos. Todos pueden imaginar que un encuentro así, solo es del tipo pasional, las palabras se dejan a un costado y sólo se da lugar a los besos y los mimos, pero el tipito verde fue, es y será un tanto especial. Cuando en iguales circunstancias un chico y una chica se encuentran en un bar, una noche de verano, a escasos metros del mar, solo basta un beso para romper el hielo. Sin embargo el tipito verde me inició en esta mágica historia enseñándome a ver su alma directo en sus ojos. Así permanecimos, mirándonos, contemplándonos, emocionándonos con lo que descubríamos del otro. Y como no podía ser de otra manera, para que esta historia se torne coincidente, intrigante y sumamente alocada, el tipito verde sintió la necesidad de hablarme de su pueblo. Un pueblo al cual yo nunca había visitado pero que tantos recuerdos me traía por haber sido cuna de mi amor Azul, pueblo que tantas veces desee visitar para reencontrarme con parte de mi historia de amor. Pero, dejando de lado la nostalgia, como era tan profundo el momento que estaba viviendo ahí, como era tan intenso el color que tenía enfrente, no quise por nada del mundo opacarlo con vivencias del pasado, así que me limite a contarle en pocas palabras el secreto que había ocultado la primer noche: “yo tenía un antiguo amor en Coronel Suarez”. No hicieron falta los detalles, el tipito verde cambió de tema y abandonamos aquel bar para adentrarnos en el amanecer frente al mar.

Y cuando parecía que ya nada podría sorprenderme, me encontré sentada sobre unas piedras con las olas golpeando en mis pies, el sol surgiendo en el horizonte y un tipito cálido envolviéndome con su campera mientras me preguntaba inesperadamente: “¿Podes definir lo que es la confianza?... Vos confiás en mí y me lo acabas de demostrar”. No sé si es que yo estoy solo rodeada de cursilería, pero esa pregunta, en ese escenario, frente a este mágico color esperanza me desubicó y me apasionó completamente. Y así como quien paga su entrada y presencia un espectáculo, yo me dispuse en cuerpo y mente algo intrigada y temerosa por no saber en qué iba a terminar todo eso, a disfrutar de la disertación que se me estaba ofreciendo. “La mayoría de la gente tiene el instinto de agarrarse cuando alguien la inclina para besarla como hice yo”, dijo (sí, sí, obviamente también hubo besos). “…Y sin embargo, vos te relajaste en mis brazos…”.

A partir de ahí me puso en diferentes situaciones imaginarias en las que me podría encontrar y evaluó mis respuestas a fin de enseñarme el significado de esa valiosa palabra. Gracias a eso hoy sé que puedo “confiar” plenamente en él y es algo que me enorgullece y me colma de felicidad.

Ese amanecer lo vivimos de una manera única, quizás porque pensamos que no nos volvería a ocurrir nada igual o simplemente porque la despedida era inminente y solo podíamos confiar en que nuestro “hasta pronto” fuese real. ¿Lo fue?