domingo, 4 de diciembre de 2011

Violeta V

Penélope volvió de su viaje, renovada, fortalecida, con todas las ganas de contarles como siguieron cada una de las historias de las que comenzamos a hablar el año pasado, con la ilusión de hacerlos vibrar nuevamente con estos santos colores que forman mi espléndido arcoíris.

Este tiempo que pasó pude disfrutar de mí. Comí, rece y amé tal lo había planeado y, como estoy pensando en cambiar de blog me propuse antes dar algunos finales. Es por eso que hoy llega Violeta V.

El reencuentro en un Oktoberfest sin arcoíris.

Ya hace más de un año en que sucedió y lo recuerdo hoy con claridad porque días atrás fue su cumpleaños y hablé con él. Todavía hay algo en su voz que dice que no me perdona por lo que pasó en aquella carpa en plenas sierras cordobesas aquel octubre de 2010. Sin embargo nos queremos como antes o más que antes…

Cuando mi fin de semana ya estaba programado para ser disfrutado en la ciudad de Rosario junto a mi amiga Glis, una campaña vía mails de mis amigas provocaron la catástrofe. No solo consiguieron que en lugar de que yo viajara viniera Glis, sino que me condujeron a estar en Oktoberfest con León.

A diferencia de la primera vez que vino a visitarme, ésta no me prometía protagonismo. Él vendría a la fiesta de la cerveza con un par de amigos parecidos a los cantantes de Drear Mar I y acamparían en Los Reartes con un grupo de extranjeros. Lo único en lo que me convenció hasta ese momento fue que me consiguiese una bolsa de dormir, yo por mi parte lo convencí de viajar primero a mi casa de las sierras para encontrarnos al día siguiente con el resto. Así lo hicimos.

Solos en el medio de las sierras, con las montañas como únicas testigos ninguno de los dos se animaba a desnudar el corazón. Me contó que se estaba mudando a una casa que le daba la empresa donde trabajaba, me mostró algunas fotos y en un descuido apareció ella, Cameron, aportando en lo que yo imaginé su nidito de amor. Haciendo caso omiso a lo sucedido, y un tanto apresurados por disfrutar de nuestra noche “solos” después de tanto tiempo de esperas, de demostraciones de afecto y deseo a la distancia, nos encontramos y jugamos a ser novios por un rato. Cuando me dí cuenta estaba en sus brazos, entregada, sin chances de escaparme pero el fantasma de la culpa resurgió y deseé no estar ahí. Él había depositado en esa noche, en ese momento, en esa imagen todos sus sueños de felicidad que me tenían a mí de protagonista. Venía dispuesto a jugarse entero, venía con su corazón en la mano buscando que yo lo tomara, lo cuidara, lo amara. El problema es que no pude imaginar lo mismo, la culpa me encegueció y lo que León veía como el comienzo de algo hermoso yo lo veía como el final de lo que nunca fue. Con ese panorama inconcluso viajamos a Los Reartes a emborracharnos con el resto. El contexto era apasionante. Treinta extranjeros de distintos lugares del mundo estaban allí. Franceses, alemanes, colombianos, brasileros, españoles, norteamericanos, todos con el mismo objetivo, beber cerveza sin moderación y pasarla bomba. En la montonera todo resultaba espléndido. Cerveza de acá, cerveza de allá, viva la pepa!!! Pero llegó la hora de volver y eso significaba que había que ir a dormir, dormir en la misma carpa que dormía León, dormir con León… nuevamente deseé no estar ahí y lo notó. Con los ojitos llenos de lágrimas me enfrentó por mi rechazo, me culpó por “descartarlo”, creo que hasta me odió por un instante. Qué me pasó? Creo simplemente que la burbuja en la que estaba se rompió y pude ver la realidad y mis sentimientos no coincidían con los suyos. No tuve la certeza de que valía la pena hacerlo dejar todo para quedarse conmigo.

Cortázar no lo podría haber definido mejor: "Fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro..."